Calle Alcalá, 18, Madrid – Edicio de la Gresham

Fecha de construccion:

Fecha del artículo

El 12 de enero de 2017 cerró la cadena de cafeterías Nebraska. Nunca fue uno de mis sitios favoritos, pero durante años formó parte del paisaje del centro de Madrid, con sus salones de decoración setentera, llenos de dorados y espejos, sus perritos calientes rebosantes de salsas y sus camareros de la vieja escuela. Más allá de la nostalgia, su desaparición supuso la pérdida de cientos de puestos de trabajo y de una de las pocas cadenas de restauración españolas con varias décadas de historia.

Investigando un poco descubrí que una de sus cafeterías más emblemáticas, la del número 18 de la calle Alcalá, ocupa un edificio con una historia mucho más interesante que la del propio Nebraska.

El edificio fue construido a finales del siglo XIX por el arquitecto Celestino Aranguren Alonso sobre el solar que había ocupado la antigua hospedería de los monjes cartujos de El Paular. Este edificio desapareció tras la desamortización de Mendizábal de 1836, aunque todavía se conserva un recuerdo de él: la magnífica escultura de San Bruno, realizada por Manuel Pereira, considerada una de las mejores tallas madrileñas del siglo XVII y expuesta actualmente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

A partir de 1903 el inmueble pasó a conocerse como edificio Gresham, después de que la compañía británica Gresham Life Assurance Society instalara aquí su sede y colocara su característico anuncio en la azotea.

En la planta baja existió primero un pequeño teatro de variedades conocido como Salón Japonés, que alcanzó gran notoriedad cuando la cupletista Consuelo Bello, «La Fornarina», protagonizó un escándalo al desnudarse sobre su escenario, lo que provocó su clausura.

En su lugar abrió en 1906 el Café Lion d’Or, propiedad de la familia Gallardo. Decorado al estilo Luis XV, con tapices rojos, mármoles y una cuidada ornamentación, pronto se convirtió en uno de los cafés más prestigiosos de Madrid y en punto de encuentro de escritores, artistas e intelectuales.

Sin embargo, el episodio más conocido de su historia llegaría el 26 de marzo de 1921. Mientras se construían el cercano teatro Alkázar y la nueva sede del Banco de Bilbao, Celestino Aranguren denunció que las excavaciones estaban poniendo en peligro la estabilidad de su edificio. Nadie le hizo caso.

Cuando el café estaba lleno de clientes, el suelo cedió repentinamente y parte del establecimiento se desplomó. El accidente causó la muerte de una persona, que fallecería semanas después a consecuencia de las heridas.

La tragedia tuvo una segunda víctima. Al enterarse del derrumbe, el propio Celestino Aranguren acudió al lugar para comprobar lo ocurrido y sufrió un infarto del que falleció poco después.

Aunque durante un tiempo se planteó demoler el edificio, finalmente pudo salvarse. En 1963, tras el cierre del Lion d’Or, el local fue ocupado por una cafetería Nebraska, que permanecería allí hasta el cierre definitivo de la cadena en 2017.

Una historia llena de casualidades y tragedias para un edificio que, pese a encontrarse en pleno centro de Madrid, suele pasar desapercibido entre sus ilustres vecinos.

Edificios por año de construcción


Más edificios…