Retomando la historia de la Exposición de Minería de 1883 en el Retiro, que comenzamos en la entrada dedicada al Palacio de Velázquez, teníamos que dicho palacio era el edificio principal del recinto expositivo.
De dicho recinto sabemos que estaba rodeado por una valla de madera y que tenía dos entradas peatonales. De una de ellas se conservan todavía las casetas de acceso.
El Palacio de Velázquez estaba separado por una avenida, flanqueada por estatuas de ranas de gran tamaño, de un lago en el que sobresalía, sobre una de sus riberas, una construcción de rocalla aún existente, de cierta altura, por la que caía una cascada de agua.
Sobre esta rocalla se construyó un mirador conocido como Pabellón Real. Detrás de él se construyó un pequeño estanque con surtidor que suministraba el agua a la cascada.
Este pabellón fue obra de Ricardo Velázquez Bosco (el mismo arquitecto del Palacio de Velázquez) y está inspirado en el Patio de los Leones de la Alhambra. Estaba rematado por una cúpula dorada, pintada por los alumnos de la Escuela de Arquitectura de Madrid, que recreaba la cubierta del antiguo palacio de los Reyes de León.
Dicha cúpula no pudo terminarse a tiempo, al igual que otros elementos de la exposición, por lo que el pabellón se inauguró sin ella, aprovechándose los meses de verano para cerrarla y finalizar los trabajos.
No fue un espacio expositivo como tal, sino un mirador desde el cual se podía contemplar el conjunto de la exposición.
Junto con el Palacio de Velázquez fue el otro pabellón que sobrevivió a la exposición, e incluso al famoso ciclón de 1886, que tantos daños causó en Madrid.
En el recinto se siguieron celebrando exposiciones, siendo la más conocida la Exposición de las Islas Filipinas, que dio lugar a la construcción del Palacio de Cristal.
Sin embargo, acabó siendo demolido en los años 50 debido al estado de ruina que presentaba.












